Psicología Pop

Encuéntrate y sé tú mismo; recuerda que no hay nadie en el mundo como tú.
Dale Carnegie. Cómo disfrutar de la vida y el trabajo.

 

FullSizeRender (14)
¿Qué estarían buscando 400 personas en una jornada del Teléfono de la Esperanza?, ¿qué respuesta esperaban encontrar aquel sábado por la mañana? Pensamiento positivo para un público exhausto. S/T. Alfonso Fernández. Dibujo sobre papel / 32×23 / 2014

I

Mientras conducía hacia el Auditorio donde se iba a celebrar el encuentro de amigos del Teléfono de la Esperanza, iba pensando en hacer una intervención sobria y breve, sin alabanzas excesivas. Cuando me tocase el turno en la presentación, agradecería a la ONG por habernos invitado a participar en calidad colaboradores, reconocería la buena labor realizada y desearía una provechosa y agradable jornada a todas las personas asistentes. Sin demasiada implicación emocional –cavilaba mientras buscaba un espacio libre en el aparcamiento-, pues debía ser coherente con mis pensamientos; en la jornada habría sesiones de asertividad, espiritualidad oriental y autoayuda. Mucha autoayuda. Más de la que podría superar ni nivel de tolerancia intelectual y sería un cínico si, cuando cogiese el turno de intervención, alabase a los ponentes y subrayase la importancia de los mensajes que iban a transmitir a lo largo de una interesante jornada de fin de semana.

Tres, dos, uno…el presentador con voz radiofónica dio inicio al encuentro anual del Teléfono. Y allí estaba yo, en la mesa inaugural, en calidad de representante de una entidad patrocinadora. “De persona sensibilizada y comprometida emocional, e intelectualmente” –dijo el presentador dando paso a mi intervención-. Le agradecí la presentación con una sonrisa y ligera inclinación de cabeza, comprobé que el micrófono estaba encendido, y traté de mirar al público, de ver rostros entre la oscuridad que reinaba en el salón del Auditorio. Sonrisa…allá voy:

“Buenos días. Autoridades, amigos del Teléfono de la Esperanza, señoras y señores. Debo iniciar mi intervención agradeciendo a esta entidad, que celebra su 35º Aniversario, su amable invitación para que hoy podamos estar aquí, compartiendo con ustedes un sábado especial”. En aquel momento hice una larga pauta y sonreí. Sonreí a una persona que pude distinguir en las primeras filas de la sala: la profesora sensible y siempre amable de mi hija mayor. Y tras ella reconocí a la viuda del director de una oficina bancaria, acompañada de su hija; una antigua amiga y compañera de colegio.

Continué emitiendo mi pequeño discurso pero de forma improvisada. El tono neutro y grisáceo que preveía mostrar, sin implicación emocional, se transformó en un tono rojizo; un tono que acabó afectuoso y de máxima vinculación con aquel público cuyos ojos se dirigían hacía mi. No eran pocas miradas, eran casi cuatrocientas personas, algunas conocidas y amigas; 800 ojos y oídos reunidos en aquel espacio para buscar soluciones a sus angustias emocionales. Allí estaba un joven desempleado junto a un ama de casa; y la esposa de un respetable directivo, sentada a pocos asientos del entrenador de una escuela de futbol. Y dos filas delante distinguí a un conocido médico local y a la responsable de un programa de salud municipal.

Esta situación humana me obligaba a rebajar la crítica y comprender que aquellas personas, representantes de la sociedad actual, quizás eran plenamente conscientes de que no encontrarían la solución de sus problemas, pero sí un placebo, un desplazamiento temporal del foco de atención hacia otra parte. Si la atención es selectiva y actúa como el haz de luz de un faro, quizás los gurús que allí hablasen a lo largo del día lograsen desplazar la luz del problema hacia otro punto. Aunque solo fuese por unas horas.

II

3_475-1
Alegoría de la timidez. Helena Toraño.
Acrílico sobre lienzo / 65 x 81 cm. / 2009

Hay que tener una mirada intelectual muy soberbia para no ver que, al margen del rigor científico y estilístico que los libros y charlas de autoayuda puedan tener, al otro lado existen lectores y oyentes que solo buscan una explicación, por sencilla que sea, a su angustia. Y no se trata de literatura de ficción, sino de ensayos accesibles, de amplia difusión y con el objetivo de ser aplicados a momentos o pensamientos puntuales. Tras realizar interesantes estudios sobre los best-sellers y los libros de autoayuda, el profesor de literatura David Viñas recomienda relajarse y suavizar la lectura para adoptar una mirada “menos crítica y más permisiva. De lo que se trata es de comprender el juego” (1).

¿Qué frases les dirían en aquella jornada para lograr que cuatrocientas personas regresasen a sus casas con la sensación de no haber perdido el sábado? La respuesta a esta cuestión me impulsó a navegar durante algún tiempo entre páginas de manuales de autoayuda para conocer sus ingredientes y recetas. Así descubrí el libro Self-Help, publicado en 1859 y escrito por Samuel Smiles, quien tras abandonar el ejercicio de la medicina para dedicarse a la divulgación, habría de sentar las bases del género.

5891979-M

En esta obra publicada en castellano en 1935 bajo el título directo de ¡Ayúdate!, recoge historias de personas que, por asistirse a sí mismas, habían alcanzado el éxito en la vida. Se trataba de un libro de historias personales y anécdotas que podrían servir de ejemplo para que los lectores tomasen decisiones sobre sus propias vidas (2).

Y después vendría Dale Carnegie y muchos más. Más y mayores tiradas de nuevas ediciones para decir lo mismo. Un siglo y muchos años contando que debemos decirnos que somos los mejores para acabar creyéndonos que, al menos, somos algo buenos. Y nosotros deseamos que sea cierto. Un hilo conductor, común en estas obras, en la narración de experiencias dirigidas en un clima de confianza al lector –“sí, a ti que estás leyendo estás páginas. Esta historia está escrita para ti”-, empleando un estilo narrativo sencillo para facilitar la comprensión y, ante todo, la identificación con la historia. La clave parece estar en crear escenarios cotidianos en los que vernos reflejados y acabar proyectando nuestras dudas y temores sobre ellos.

Si estos productos me hablan de pensamientos y sentimientos universales, describiéndome una historia alejada de la fría mirada de la ciencia, podré creer que el mensaje de la historia –al igual que en las leyendas y cuentos populares- contiene una lección para mi propia vida. Como advirtió el filósofo Lou Marinoff, popular autor de Más Platón y menos Prozac, “alguien tiene que ayudarle un poco para que usted pueda ayudarse mucho ” (3).

Se buscan anécdotas de personas que, un día, sintieron temor y tristeza al comprender que no llegaron a desarrollar trayectorias plenas por no haber tomado decisiones correctas en algunos aspectos de sus vidas… hasta que un día seleccionaron una opción óptima y todo cambió. También se oyen historian de hombres y mujeres que se sentían incapaces de ser diligentes al mismo tiempo en su vida familiar y laboral… hasta que tropezaron con la fórmula. Y así, leyendo o escuchando cómo otras personas lograron salir adelante, podremos motivarnos para el cambio personal pues, al fin y al cabo, lo que yo siento guarda relación con lo que ellos antes han vivido antes. Interpretar una realidad, asimilarla y aplicarla posteriormente a nuestra circunstancia. Puro proceso hermenéutico.

III

El fin siempre parece ser el pensamiento positivo, un pensamiento que nos permita crecer a partir de la reinterpretación y superación de barreras del pasado. Reinventarse y caminar siempre adelante. En la vida y en el trabajo, siempre guiados por el poder del pensamiento, como gustaba recordar a Swett Marden en sus bestsellers del principios del siglo XX.

Y toda esta profusión de libros, vídeos, conferencias y eslóganes con frases de ánimo es un maravilloso universo pop. Un auténtico festival de Psicología Pop, en el que cualquier objeto, historia de vida o pensamiento, por trivial que resulte, tendrá la oportunidad de elevarse a categoría de tendencia, de must have.

Se repiten fórmulas de libros de autoyuda y se intenta vivir con intensidad el momento actual, ya sea éste la asistencia a una ópera de Wagner, la participación en una reunión sobre planificación estratégica o la decisión sobre la ampliación de metros cuadrados de un centro comercial. En este sentido Carnegie nos recuerda que si hacemos nuestro trabajo como si disfrutásemos haciéndolo, conseguiremos disfrutar más de él. El consejo es claro: «Actúe “como si” su trabajo le interesara y esta actuación tenderá a crearle un interés real. También tenderá a disminuir su fatiga, sus tensiones y sus preocupaciones» (4).

Pelos en la espalda. Jaime Aledo
“Pelos en la espalda”. Jaime Aledo. 

Nos encontramos ante una magnifica disneylandización del pensamiento, todo un mundo de atracciones y tiendas de autoservicio en las que poder subirse a una atracción de inteligencia emocional, comprar una nube de asertividad, y disfrutar del tren de la autoestima. Y si se cansa, un poquito de mindfulness, que nunca viene mal.

Ante las dudas, sonrientes coaches podrán ayudarnos a elegir las atracciones y los artículos más interesantes para reforzar el poder del pensamiento positivo. Como regalo podremos llevarnos una edición facsímil del best-seller de 1952 “El poder del pensamiento tenaz”, de Norman Vicent Peale, para que en el regreso al hogar recordemos que al pensar en términos positivos conseguiremos resultados positivos. “Ése es el hecho real” – dijo Norman.

Este pensamiento mágico y pop habrá de arrastrarnos hacia un optimismo irrealista. Y quizás peligroso. No podemos negar que siendo optimistas estamos intuyendo felicidad en la vida futura y, de este modo, sintiéndonos mejor en el presente. Pero tampoco podemos negar que un exceso de pensamiento positivo puede incrementar nuestra vulnerabilidad, pues quizás consideremos idóneo estudiar menos o trabajar con menor exigencia (5). Al fin y al cabo, nos irá bien.

Además de la vulnerabilidad a la pueden arrastrarnos los consejos de la autoayuda –logrando por tanto el efecto contrario al buscado-, estos mensajes nos llevan hacia un cruce de caminos con dos direcciones opuestas. Al mismo tiempo que se reclama la unicidad de la persona, su máxima individualidad, se solicita el seguimiento a una tendencia social: la lectura de un best-seller o la asistencia a un conferencia donde, entre otras mil personas, se recuerda a los asistentes que miren al frente y no traten de imitar a nadie. Como aconsejaba Dale Carnegie a sus hijos, “suceda lo que suceda, tenemos que ser siempre nosotros mismos”, pues “no se va a ninguna parte con un espíritu de imitación” (6).

Y la persona, que es un ser social y cultural por naturaleza, se encuentra ante un dilema; ante querer ser uno mismo pero al mismo tiempo formar parte del grupo, ante desear entregarse a una cultura individualista y vivir en una sociedad colectivista.  Para lograr salir de este dilema nunca viene mal recordar la cuestión poética de Walt Whitman: “¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes.)”.

Sin título
Relajación, mindfulness, yoga…el incremento continuo de la demanda de estas disciplinas manifiesta una búsqueda de tranquilidad para las mentes agotadas, una exploración de la espiritualidad en las sociedad laicas. Fotografía de Noé Baranda.

 

P.D.:  Artículo escrito desde un mirador, frente a La Grande Plage de Biarritz, horas antes del lanzamiento de los fuegos artificiales del 15 de agosto. Toda un celebración a la vida, el ruido, la luz y el color. Escuchando Them There eyes, en la versión de Diane Schuur.

Notas:

(1) Viñas, D. (2012). “Erótica de la autoayuda”. Barcelona: Ariel, p. 106

(2) Smiles, S. (1935). “¡Ayúdate!”. Barcelona: Ramón Sopena.

(3) Marinoff, L. (2010). “Más Platón y menos Prozac”. Barcelona: Ediciones B, p. 76.

(4) Carnegie, D. (1997). “Cómo disfrutar de la vida y del trabajo”. Barcelona: Edhasa (3ª ed.), p. 35.

(5) Perloff, L.S. (1897). “Social Comparison and Illusions of Invulnerability to Negative Life Events”, en C. R. Snyder y Carol E. Ford (eds.) Coping with Negative Life Events, pp. 217-242.

(6) Ob. cit., pp. 12-13.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s