No digas tu edad, di tu marca favorita

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Hace unos pocos años, la periodista Raquel Peláez comprendió “que el infierno de Dante transcurre en una redacción local un domingo por la tarde”. Entonces sacó un billete de autobús en Ponferrada y llegó Madrid con la mochila llena de imágenes del cine de Almodovar y del periodismo de Julio Camba, maravilloso bon vivant que vivió más de una década en el Hotel Palace. Pero ella sabía que la ciudad era mucho más que los escaparates de Loewe y los sándwiches de Rodilla, y que allí coexistían muchas realidades sociales; unas veces creadas por el entorno y otras por las miradas ajenas, pues en “todas las ciudades del mundo, el barrio que escoges para vivir determina tu estilo de vida. Pero también determina la ubicación de uno en el mapa mental de los demás” (1), y por ello un cierto automatismo psíquico crea asociaciones como éstas que escribe Raquel, hoy Redactora Jefe de Vanity Fair digital:

  • “Vivo en Malasaña.” – “Este debe de ser un moderno.”
  • “Vivo en Salamanca.” – “Este debe de ser marqués.”
  • “Vivo en Argüelles.” – “Este debe de ser estudiante.”

Estos atajos nos permiten reducir el consumo energético del cerebro y caminar con la agilidad de una gacela por el mapa social. ¿Qué ni el Barrio de Salamanca ni La Moraleja son los espacios con más renta per cápita de Madrid?, ¿Qué el barrio con más money es Chamartín, cuna de El Viso?, “No me compliques”, -pensarán algunos-, que para mí los famosos de La Moraleja y los nobles de Salamanca, si no son los que tienen más riqueza, al menos lucen mejor el parné.

Una de las manifestaciones de la inteligencia social es la capacidad para mirar el mundo sin caer en las garras de los errores de atribución. De mirar viendo, libres de etiquetas o corsés ideológicos, culturales o de cualquier otro tipo, de mirar para comprender, crear vínculos y hacer un mundo más habitable. ¡Qué fácil explicarlo y qué difícil aplicarlo! No cabe duda de que merecen un fuerte aplauso quienes logren aproximarse a otras personas sin las gafas de los estereotipos pero…¿quién no se ha sentado en una terraza sin aventurar hipótesis sobre la vida de los otros? El que esté libre de prejuicios que tire la primera piedra o me acompañe a una Torre de Babel.

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Vayamos a la terminal de salidas del Aeropuerto de Barajas, sentémonos cómodos en una mesa libre y pidamos una tapita de jamón ibérico, que esto promete.

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Campaña ‘Real Life Maniquí’ en la T-4 del Aeropuerto de Barajas. Fuente: es por Madrid.

Mirad a la izquierda de estos dos que aparecen en la foto, ¿veis a aquel joven que está tecleando en su MacBook? Sí, el de gafas de pasta negras, barba y un fular al cuello. ¿Cómo es esta persona?.

Cuando hago esta pequeña prueba a alumnos de másteres (sí, algunos con sus añitos encima y ya bien pasados por la plancha), prácticamente la totalidad responden que esta persona es hipster, sin más calificativos. El proceso atributivo es evidente: a partir de un elemento concreto como es un Mac o una mochila Herschel, no sólo interpretamos superficialmente a una persona por su pertenencia a un grupo, sino que le asignamos toda una serie de etiquetas que nos permitan definir su estilo de vida. ¿O alguien podrá negarnos que el joven al que estamos ahora mirando es un modernodiseñador gráfico-consumidor de alimentos ecológicos- que va a pasar unos días en Helsinki?, ¿o era en Berlín?

¿Y qué decir de aquella chica que está embarcando en el vuelo Asturias-Madrid, la joven con americana, falda ceñida, pelo negro recogido en un moño y maletín en mano? Recordad su imagen, pues volveremos a hablar de ella en otra entrada del blog.

Resumiendo, al encontrarnos con más estímulos o información de la que podemos asimilar, tomamos unos pocos signos visuales dotados de significado social, económico, cultural o político, y asignamos todo este significado a quien los porta (¿por dónde podemos continuar con los ejemplos?, ¿por las camisetas del Che o por el Mercedes blanco?).

También recurrimos a esta acción cuando hemos de tomar decisiones rápidas para interactuar. ¿Cómo si no poder iniciar una conversación con desconocidos a los que acaban de presentarnos? Como se puede intuir, nos encontramos ante uno de los procesos de ahorro cognitivo o del pensamiento (2), de un atajo mental para comprender a los otros sin necesidad de recurrir a información, bien porque ésta es excesiva o porque no está disponible. Y así creemos conocer más de lo que realmente podemos conocer de las personas, y por supuesto erramos, pues las personas no son aquello que dicen uno o dos atributos visibles, sino que son un conjunto de todo lo que muestran y lo que dicen, pero también –o quizás ante todo- un acervo de lo que no manifiestan ni expresan.

Martín Godoy
Con esta obra del pintor Fernando Martín Godoy podemos prejuzgar diferentes historias y estilos de vida a través de las fachadas de las indumentarias y complementos de cada persona (58 piezas, tinta china, 2013). Fuente: Fernando Martín Godoy

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Al comprender la dinámica de los errores de atribución social, el debate parece desplazarse hacia los elementos de nuestra identidad que serían más adecuados para presentarnos en sociedad: ¿la edad, los estudios, la clase social de origen, la de llegada, o será mejor la marca de la americana?

Por el momento, se detecta una tendencia creciente en algunos países y sectores profesionales a eliminar de los curricula y de las presentaciones datos como la fecha de nacimiento, el sexo, el centro escolar, la ciudad de origen o la etnia.

Míriam Pena, programadora española que destaca en Silicon Valley, no tiene inconveniente en indicar que ha nacido en la localidad de Bueu, en Pontevedra, pero prefiere no dar su edad. Incluso recomienda a su entrevistadora en El País que cambien la costumbre de preguntar la fecha de nacimiento de los entrevistados. “No le di importancia hasta que llegué a Estados Unidos y me di cuenta de que preguntar por el barrio, el colegio o detalles similares pueden definir tu etnia y llevar a discriminación, también de género” (3).

Expone la ingeniera titulada en la Universidad de A Coruña, que se especializó muy temprano en Erlang, un lenguaje de programación minoritario, decisión que ha marcado su carrera. Y yo pregunto, ¿y esto no etiqueta?, ¿etiqueta más la edad o el colegio que el interés por el Erlang?

También Ainhoa Grandes, actual presidenta del MACBA, reconoce en una entrevista concedida Fashion & Arts Magazine, que “a veces me pregunta por la ropa y no me importa nada contestar” (de hecho el artículo señala que Jil Sander es su firma favorita). Sin embargo en su biografía no incluye fecha ni lugar de nacimiento por priorizar lo verdaderamente relevante (4). Pues eso, no digas tu fecha de nacimiento, di tu marca favorita.

Me ha quedado claro. A partir de ahora debo plantear mi presentación como A.B. (s.f. –abreviatura de sin fecha, que parece muy instruido). Grado universitario y PhD (abreviatura de doctorado, que también tiene su impacto). Persona interesada en Responsabilidad Social, Desarrollo Sostenible, Tendencias sociales y Arte. Ropa interior de algodón 100% de Muji, zapatos Lottusse y colonias de Aqua de Parma. ¿Así es más neutro, verdad? sin sexo, edad ni lugar de nacimiento. Sin referencia a estudios ni a centros educativos que puedan segmentar por clases o niveles socioeconómicos. ¿A que no les he dado ningún dato para que puedan etiquetarme?

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Exposición “Números primos“, de Fernando Martín Godoy. Art Mustang. 2016. Fuente: Revista Makma. Foto de David Rodríguez.

Llegados a este punto, dejaré de ironizar para reconocer que eliminar determinados datos de nuestras presentaciones en sociedad tiene un lado muy positivo; pues además de evitar la mirada del big brother tecnológico y sus locos algoritmos, podremos ser valorados por nuestra actuación actual en el teatro social.

Cuando nos llenamos de datos de nuestra biografía, además de cargar en exceso la mochila, corremos el riesgo de que nuestros públicos se atiborren de microprejuicios por el hecho de ser de pueblo, de barriada o de centro urbano; por ser de los setenta o millenial; por venir de la escuela pública o la privada; por ser hijo de juez o comerciante; por ser hombre, mujer, animal o cosa; en resumen, por ser puro pasado y poco presente.

¿Es que hemos de borrar nuestro pasado? En absoluto, pero llegará después, en un futuro próximo. Tras haber iniciado y consolidado conversaciones, tras valorar a la persona por lo que es y lo que siente hoy, en el momento presente, después de aproximarnos -o alejarnos- por inquietudes y estilos de vida, tiempo habrá para compartir biografías.

¡Ah, eso sí, al eliminar la fecha de nacimiento de las redes sociales habrá que estar preparados para dejar de recibir felicitaciones de cumpleaños! Eso quedará para los más íntimos.

@AntonioBlancoTW

P.D. Termino esta entrada pensando en las personas empeñadas en saber a qué se dedican los demás para etiquetarlos fácilmente, y entonces recuerdo a la empleada de hogar que lee literatura clásica y al médico tuitero que ataca al sistema, y a todas aquellas personas que parecen estar aquí para recordarnos que los estereotipos se nos quedan cortos. Ojeo las obras de Fernando Martín Godoy en su web. Impresionantes. Escucho el álbum de Rodrigo Leão Portugal. Um retrato socialy pienso que, aunque excelente, los portugueses no son tan tristes.

 


Referencias

  1. La periodista Raquel Peláez ha escrito un divertido libro con una visión particular de Madrid, lleno de buenas referencias culturales, mucha ironía y buen humor. Una excelente lectura para comprender la complejidad y el teatro de las relaciones sociales. Ref.: Peláez, R. (2014). ¡Quemad Madrid! O llevadme a la López Ibor. Madrid: Libros del K.O.
  2. Los fundamentos teóricos de la atribución social y sus sesgos pueden encontrarse en cualquier manual de Psicología Social, entre los que destaca, por su fusión de rigor científico, calidad divulgativa y lectura amena, el manual de Elliot Aronson titulado El animal social. Ref: Aronson, E. (2005). El animal social. Madrid: Alianza (8ª ed.).sss
  3. Jiménez, R. Míriam Pena, una programadora en la cima de Silicon Valley. El País, 22 de febrero de 2018.
  4. Sancho, X. Entrevista a Ainhoa Grandes. Fashion & Arts Magazine, p. 44, 18 de febrero de 2018.

5 Comments

  1. Genial, personalmente siempre consideré que la edad era un tópico, puedes ser viejo con 30 y joven con 70. A los 49 hice el Curso de AMADEUS en la escuela de Turismo, A los 58, el de Protocolo en la escuela diplomática, y cada vez que hay una actualización de Windows me actualizo en todos y cada uno de sus programas. Muchos de 30 no saben ni enviar un WhatsApp.

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  2. Me impresiona la casualidad de haber leído hoy tu artículo, cuando ayer, al ver a un director en la presentación de su propia película en SACO pensé ”cómo se atreverá a subir con ese abrigo de plumas abrochado y ajustado como una butifarra a presentar su propia obra y dirigirse así hacia una multitud, un sábado por la tarde” Dos horas más tarde, tras haber visto la película, me sentí muy mal de haber prejuzgado de esa manera y ver lo equivocado que estaba respecto a la capacidad de esa persona. Está claro que la ropa puede transmitir mucho, pero hay que tener siempre en cuenta que tenemos que excluir de nuestro análisis aquellos para los que no es más que algo con lo que protegerse del frío y taparse; tenderán a vestir de forma aleatoria y no buscarán transmitir nada en concreto. También tenemos que considerar la influencia de la industria; si uno visita las tiendas más importantes de las marcas en una gran ciudad, por ejemplo, Londres, ve que, por ejemplo, las tiendas de DR MARTENS parecen estar hechas de chatarra buscando transmitir un estilo ”grunge” y sus valores de inclusión, multiculturalidad y juventud, de forma que hasta el personal está estratégicamente elegido en ese sentido: te podrá atender un transformista, alguien con los últimos retoques excéntricos en su pelo y una persona con vitíligo que lejos de ocultarlo, lo logra combinar con su propio estilismo. No es casualidad, es la forma en la que las empresas buscan relacionar su producto con ciertos valores. Lejos de eso, creo lo inteligente es quedarse con lo permanente de cada producto y por eso yo seguiré vistiendo mis DR MARTENS por lo bonitas, duraderas, y elegantes que son. Quienes más se guían por las orientaciones publicitarias y de marketing respecto a los productos, más prejuzgaran de esta manera a los demás. La distinción de clase siempre ha sido muy rentable, y aunque nos esforcemos en ocultar ciertos aspectos de nuestro currículum, tenemos que estar preparados para que también nuestros consumos nos definan. (https://elpais.com/economia/2016/09/06/actualidad/1473182543_739217.html) Lo estratégicamente acertado, podría ser, ser lo más neutral posible. PD: MUJI y UNIQLO seguro que nos podrán ayudar a este respecto.

    ¡Gracias por tu artículo!

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    1. Libertad y sabiduría, querido Libreoyente! Poder -y saber- estar al margen de las etiquetas sociales es un verdadero lujo. Pero si bien es difícil no preocuparnos por ellas cuando nos presentamos antes otros, creo que lo más difícil es no utilizarlas para juzgar a los demás. Un abrazo, amigo.

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