La sociedad mcdonalizada

El hombre moderno, que ya no tiene tiempo para detenerse en las cosas inútiles, está condenado a convertirse en un máquina sin alma.

Nuccio Ordine. La utilidad de lo inútil

 

(Maridaje sonoro: los ingredientes de este microensayo combinan bien con el tema “Nuvole Bianche” de Ludovico Einaudi).

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Nos percibimos cada vez más libres de tradiciones y de rollos de “culturetas”…pero también nos sentimos más asfixiados por el peso de las cosas prácticas. Pienso sobre esta realidad mientras atravieso una urbanización de clases medias acomodadas para ir a comer a un McDonald. Es un lugar bonito –no puedo negarlo- con jardines cuidados y aroma a teleserie familiar norteamericana.

Aparco y miro el reloj para planificar el resto de la jornada. Estimo comer en media hora y estar a las tres frente al ordenador, salir pronto del trabajo y hacer una hora de ejercicio antes de llegar a casa. Pero en esta ocasión no será fácil cumplir la organización del tiempo; por algo imprevisto (en concreto, por el inicio de un puente escolar), muchas familias ocupan todas las colas de frente a las cajas. Unos sonríen, otros estan serios, algunos gritan a los menores y otros les activan señalando la nueva oferta de regalos infantiles, pero casi todos parecen hipnotizados por la pantalla de sus telefoninos.

Cuando llega mi turno, una amable empleada dispone el mantel de papel sobre la bandeja y yo recito mi pedido de McMenú-mediano-de-Cuarto-de-Libra-sin-gluten-ensalada-agua-nada-más-gracias. Sonrío y recuerdo la curiosidad que suele causar en las clases la idea de la McDonalizacion de la sociedad. Para explicarla me gusta poner a la audiencia en situación, solicitando a unos que se imaginen a la puerta del McDonald de su localidad, a otros los coloco frente al de Marrakech, a los que bajan la cabeza para evitar mi mirada les pido que se sitúen en el establecimiento de Broadway y, a los que se ríen, los mando mentalmente al local de Viena, en el número 1 de Pilgrambrücke. “¡Es que nunca hemos estado allí!” –suelen protestar algunos-. “Pues muy bien –respondo-, podéis situaros en el establecimiento del Centro Comercial Marineda, en A Coruña. Quizás os resulte más fácil de visualizar”.

Cuando todas las personas hayan cerrado los ojos y se imaginen frente al local indicado, pueden abrir la puerta y comenzar a pensar todo lo que harán en los próximos quince o veinte minutos. Conducta a conducta.

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En la mayoría de grandes ciudades podemos encontrar un McDonald y predecir nuestro comportamiento tras abrir sus puertas: caminaremos hacia el mostrador, haremos cola e iremos mirando el menú. Cuando nos toque el turno pediremos los alimentos habituales, pagaremos, esperaremos a la bandeja, avanzaremos mirando hacia los lados para encontrar una mesa adecuada y, tras comer en riguroso orden, llevaremos los restos hacia la papelera antes de salir por la misma puerta por la que hemos entrado. Y así en otras facetas de la vida, persiguiendo el control, el deseo de lo previsible y un mayor acento en los resultados cuantitativos que en la calidad.

Esta tendencia a valorar la racionalidad como sistema eficiente de gestión de la vida cotidiana ha desembocado en una McDonalización, que diría George Ritzer (1). Con este concepto el sociólogo neoyorquino no pretende criticar a la empresa de comida rápida sino advertir de la homogeneización de nuestros comportamientos. Actualizando el modelo de la jaula de hierro de Max Weber –todo un clásico de la Sociología-, Ritzer emplea el término McDonalización para representar el paradigma contemporáneo de la racionalidad formal que nos atrapa.

La Mcdonalización
Realmente deben existir procesos psíquicos inconscientes, pues todos los años, y a pesar de mis repetidas advertencias, no puedo evitar que dos o tres alumnos escriban McWeber en los exámenes en vez de Max Weber…y mientras corrijo y tacho en rojo intenso, yo mismo pienso en un McWeber Deluxe con pepino y mostaza.

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Las acreditaciones de idiomas (¡Ay, si no tienes un B2 ya no eres nadie!) o los créditos de los grados universitarios. Los protocolos médicos, las aulas virtuales o las zonas de juegos infantiles. Las franquicias o los establecimientos estandarizados. Los centros de las ciudades con iguales escaparates y ofertas comerciales. Estamos rodeados de un universo McDonalizado…e incluso algunas personas eligen vivir en sus mismas entrañas, en el centro de un centro comercial.

En un lugar de España de cuyo nombre no debo acordarme, han construido un gran bloque de edificios sobre un centro comercial. Las viviendas exteriores tienen vistas a la calle y las interiores….¡exacto! las interiores tienen estupendas vistas hacia las galerías y patios ajardinados del centro comercial. También portales con salida directa a los pasillos y zonas de recreo del Centro.

Forma parte de otra realidad salir de Maripaz y ver a una pareja apoyada en el quicio de la ventana del salón de su casa. Aunque tiene que ser estupendo predecir el clima que se disfrutará todo el año, y planificar la decoración de la casa viendo desde la cocina las novedades de los escaparates de Zara Home. Amazing!

Eficiencia, calculabilidad, uniformidad y control mediante automatización. Estas son las cuatro características de la McDonalización. En resumen: planificación y predicción de resultados pero… no sólo veamos la cara gris de la realidad y demos la vuelta a la moneda. De acuerdo, vivir en un apartamento con vistas al interior de un centro comercial quizás no sea lo más natural, pero negarnos a la racionalización de las organizaciones sería disimular y mirar hacia otro lado, pues la mayoría de nosotros -de una u otra forma- nos beneficiamos de estos procesos; bien porque trabajemos en organizaciones que optimizan su gestión gracias a ellos, o porque nos facilitan las compras, el consumo, o nos ayudan en la conciliación de la vida laboral, familiar y personal.

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Esta visión la aprendí con un grupo de alumnos de postgrado, en un Master en Administración y Dirección de Empresas – MBA-. Como en otras ocasiones, pregunté la impresión que les causaba el concepto de George Ritzer: ¿Qué criterios hemos de valorar para dirigir una empresa, una fundación o un movimiento ciudadano en una sociedad mcdonalizada? Todo eran ventajas para aquellos alumnos, pues “la racionalización permite gestionar organizaciones con más rigor”, decían.

La mayoría de asistentes a la sesión consideraban que la cuantificación permite alcanzar la eficiencia, además de una previsibilidad de las cosas muy importante para una vida más cómoda y segura para todos, desde quienes dirigen organizaciones hasta sus usuarios, clientes o ciudadanos. Además, aseguraban compaginar sin problemas la vida extremadamente racional en la que se encontraban inmersos con diferentes vías de evasión a través de los deportes y escapadas a la naturaleza y, ante todo, en tratar de ser-uno-mismo. ¡Toma ya, esto sí que no me lo esperaba!

La Rochelle
Como las enigmáticas figuras que decoran las calles de la ciudad francesa de La Rochelle, caminamos ágiles y ligeros sintiendo, al mismo tiempo, que estamos atrapados dentro de las jaulas o columnas diseñadas por la burocracia y la tecnología que rige nuestra vida cotidiana.

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No resulta difícil comprender que esta realidad tiene una sombra oscura que está afectando a nuestras relaciones personales, al consumo o a la dinámica de los movimientos sociales y políticos (sometida también al baile de los algoritmos), pero por otro lado tiene una cara blanca que podemos ver en la ciencia aplicada –pienso especialmente en la bioinformática-, en el control de emergencias, la seguridad alimentaria, logística, etc.

¿Qué postura adoptar entonces? Posiblemente la propia del equilibrio, y para ello esbozo un particular listado para (sobre)vivir en una sociedad mcdonalizada:

  1. En primer lugar, disfrutar en ocasiones de un McDonald. Que no sea el chivo expiatorio de la historia, que como metáfora para explicar la racionalización de la sociedad es excelente, pero como dice mi compañero de trabajo Marce -un hombre mundano y sofisticado-: “Debo admitir que, como le ocurre a Homer Simpson con los donuts….a mi tampoco me ha sentado mal nunca nada que haya comido en cualquier parte del ancho mundo en un McDonald’s”.
  2. El punto primero es fundamental para no amargarse como un pepino dentro de un tarro de vinagre y comprender que la realidad no se percibe en blanco y negro; junto con las teorías críticas es imprescindible el ejercicio de la práctica constructiva. Y esta es nuestra gran responsabilidad social.
  3. En nuestras manos está el mando a distancia para cambiar de canales; las personas podemos elegir el tipo de organizaciones con las que nos gusta relacionarnos y diseñar, con las decisiones de consumo, la sociedad en la que deseamos vivir.
  4. En cuarto lugar, nuestras habilidades sociales también tendrán algo que decir, pues un saludo o un despedida con sonrisa, hablar con las personas, vivir y convivir sin estar pegados a la pantalla del telefonino…¿por dónde seguimos?, ¿por las redes sociales?
  5. Dejar de presumir con aquello de “yo-ya-lo-compro-todo-por-Internet” y “yo- solo-uso-aplicaciones-rollo-Uber”. ¿Te suena modernillo?…uff a mi me suena catastrófico, ¿de verdad no tienes ganas o tiempo de un poco de vida en sociedad real?
  6. Salir física –y metafóricamente- de las calles principales en las que todos los escaparates son iguales, y la oferta se ha mecanizado, y desplazarse unos metros para descubrir que otro mundo es posible. En cualquier ciudad del mundo.
  7. Para quienes tienen la oportunidad –y responsabilidad- de alcanzar los niveles más altos de una organización ser conscientes de que “la norma (no escrita) para la mayor parte de los altos ejecutivos consiste en la imposición de la racionalidad a los demás, mientras su propio trabajo está lo menos racionalizado posible”, Ritzer dixit (2). En este sentido su responsabilidad social debería ser crear organizaciones capaces de integrar los aspectos positivos de la racionalización y eliminar el resto, en especial aquellos que afecten a la “robotización” de mujeres y hombres.
  8. Y por último, asumir que la eficiencia de las organizaciones es fundamental para asegurar su propia sostenibilidad, pero nuestras vidas no son organizaciones y, por ello, a nivel personal podemos permitirnos el gran lujo de disfrutar de la utilidad de lo inútil (3). ¿Qué tal comenzar con una tarde de lectura?, ¿o un buena sesión vermú con nuestras parejas o familias?, ¿y una visita a un museo antes del vermú?, ¿esto sí que es subversivo, verdad?

    Guantes
    Tienda de guantes resguardada, apenas unos metros, de grandes arterias comerciales y escaparates homogéneos. En algún lugar del mundo…

 

 

@AntonioBlancoTW


Notas:

  1. El libro de George Ritzer sobre la McDonalización de la sociedad es uno de los ensayos más populares de la Sociología contemporánea. El autor realiza un análisis de la sociedad racional que nos lleva a comprender su carácter irracional. Toda una paradoja que concluye con recomendaciones para evitar una vida mcdonalizada. Ref. Ritzer, G. (1996). La Mcdonalizacion de la sociedad. Barcelona: Ariel.
  2. George Ritzer, 1996, op. cit., p. 217-218.
  3. Un arma para encontrar nuestro lugar en la sociedad mcdonalizada puede ser la lectura, y para ello el pequeño ensayo de Nuccio Ordine sobre “La utilidad de lo inútil” es fundamental. Como indica el profesor de Literatura sobre su libro: “Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida”. Ref.: Ordine, N. (2013). La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado.

2 Comments

  1. Como siempre, un análisis extenso a la par que profundo de un asunto de actualidad que nos afecta y mucho en nuestra esencia vital. Y además con un excelente estilo literario.
    Efectivamente. “tratan de mcdonalizarnos”utilizando los más sofisticados métodos. Y por si esto fuera poco, ahora la espada de Damocles de los algoritmos.
    Pienso que lo más grande que tenemos los seres humanos, y que muchos (o quizás solo pocos?) no tenemos en venta es nuestra libertad.
    Más, como la preservaremos?
    Tengo un amigo que afirma que “el arte y el amor son lo que transforman en vida a la mera subsistencia”.
    Tendrá esto algo que vez con las manifestaciones que publicaste de tu admirado Juan Herrera?.
    Al menos intentémoslo. Merece la pena.

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    1. Muchas gracias Libreoyente. Creo en la libertad individual y de los pequeños grupos para tomar decisiones en este entorno tan “racionalizado”. Una decisión de compra, un clic o me gusta en redes sociales, una opinión en un momento determinado….cada conducta ante los otros puede ser de sumisión a la mecánica de la vida social o todo lo contrario. Por eso me gusta decir que el futuro está en nuestras manos.

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