Manual de Biarritz

Este es un manual breve para aproximarse a Biarritz, para dar los primeros pasos por esta cuidad del suroeste francés, a pocos kilómetros de la frontera española y a 50 de San Sebastián.

Es un manual subjetivo, como no podría ser de otra manera al hablar de una ciudad a la que necesito regresar con cierta frecuencia. Y es que, como reconoce Antonio Muñoz Molina cuando habla de Manhattan, “no soy nadie aquí, o soy un Don Nadie, y sin embargo soy más yo mismo que nunca“.

La ciudad

En esta pequeña ciudad francesa, y “despojado de circunstancias, salvo de la presencia de quien conmigo va”, siento “lo que uno es más en el fondo de sí mismo, una cierta manera de estar en el mundo” (1).

Que en el puerto de pescadores convivan con la más absoluta normalidad la marisquería Chez Victor y la taberna Juan Pedro, o que a pocos metros del exquisito Hôtel du Palais bulla la vida de barrio en Saint Charles, me hace sentir bien. Demasiado cómodo. Es como si mi habitual dualidad aquí, en este rincón de arquitecturas delirantes, encontrase tranquilidad, su lugar. Un lugar para compartir…

La Atalaya

Las playas

Seis playas. Una playa para cada estilo de vida o cada estado de ánimo.

Si miramos hacia el mar desde la ciudad, de derecha a izquierda podemos encontrarnos en primer lugar la Playa de Miramar, entre el acantilado del faro y el Hôtel du Palais. Una playa tranquila, con buenas olas y un perfil propio de bañistas; jóvenes, muchos lectores sobre las toallas, cuerpos cuidados y, en agosto, una comunidad de la burguesía española que, con discreción, se saludan recordándose que ya ha pasado un año desde el pasado verano.Playa del faro 3

Luego llega, unida a la anterior por un pequeño túnel de roca, la Grande Plage. La playa de Biarritz con mayúsculas. La arena en la que siempre hay vida y en la que conviven con una armonía silenciosa, sin apenas ruidos, grupos de amigos biarrotas y familias de países en desarrollo alojadas en los más exquisitos hoteles; cuerpos atléticos y jóvenes cubiertas con yihabs; niños saltando las olas y surferos; matrimonios mayores de París y familias españolas e italianas alojadas en apartamentos de HomeAway y AirBnb. Y muchos lectores –de papel- sobre la arena.Surf en la Grand Plage (fb)

Seguimos caminando y bordeando la costa hacia el sur –a la izquierda- y tras dejar atrás el Puerto de los pescadores nos encontraremos con la Plage Port Vieux. Magnífica. Pequeña, muy recogida. Con jóvenes que sonríen a la vida desde la terraza del Eden Rock Café y jubilados que muestran cuerpos cuidados a fuerza de tardes de natación. Muchas familias con niños y adolescentes lanzándose al agua desde el trampolín de roca natural. Una de mis actividades preferidas es nadar en línea recta, con la Virgen de la roca el horizonte y, cuando siento que he avanzado suficientes metros me detengo, doy la vuelta y miro hacia la playa y los edificios desde el agua. Un golpe de esteta….img_1035.jpg

Continuando por la misma línea de costa, la siguiente playa de la ciudad es la Côte des Basques, espacio surfer por excelencia. Con pocas horas de arena, lo habitual es encontrarse el agua en la orilla de rocas y muchas, muchas tablas de surf, y unida a esta extensa playa se encuentra la Plage de la Marbella, más salvaje y en estado natural y adecuada también para la práctica del surfSurf en la Playa de los Vascos

Más lejos, para llegar en vehículo o en “navette” (autobuses gratuitos en toda la ciudad), espera la Plage de la Milady, muy apreciada por los biarrotas y con una amplia zona de juegos infantiles. Playa de familias, de grupos de amigos y de personas que buscan un lugar para pasar el día alejados del entorno urbano y con posibilidad de hacer rutas y largos caminos.

Comercios

Eso que los sociólogos llaman la McDonalización, la invasión imparable de espacios predecibles, de establecimientos y sistemas de organización reproducibles en cualquier ciudad del mundo, por aquí, o bien no ha llegado, o ha pasado de largo.All-focus

Con excepción de Galerías Lafayete, que no podrían faltar en toda ciudad francesa que se precie, y de los establecimientos de algunas de las marcas francesas más tradicionales, las calles están llenas de pequeños comercios (al menos hasta la fecha de publicación de esta entrada).Barbería

Para hacerse una idea de la personalidad del comercio local puede tomarse como punto de partida la calle Victor Hugo y descubrir espacios como la óptica Mendiburu o la papelería Maison des Arts.

A pocos metros, a las puertas del mercado –Les Halles– se monta un mercadillo donde merece la pena caminar entre los puestos y, para los amigos de los sombreros Panamá, localizar el espacio de Sébastien y preguntarle sobre sus últimas visitas y compras a artesanos sombreros en Ecuador.All-focus

Uno de los comercios más singulares es Le Caméléon. En la Rue du Port Vieux se encuentra un espacio abierto en la ciudad en 1982 y que ofrece arte y orfebrería africana a precios razonables. Es una experiencia entrar en este pequeño espacio y hablar con sus propietarios, que viajan con frecuencia a África, atravesando España, para llegar a mercados de artesanos y encontrarse con tribus para localizar esas piezas de las que luego te explican toda su historia.

Aunque existen diferentes galerías de arte en la ciudad, y la cultura está presente en varios formatos, sorprende la mínima presencia de librerías. Pero quizás esto se compense por la tradicional Bookstore Biarritz, en la Plaza Georges Clemenceau (a unos metros de la Grande Plage), con su escalera que recuerda a Lello, en Oporto, o una pequeña biblioteca de un college tradicional británico.Bookstore

Y como no pueden faltar las espadrilles de rayas, un buen lugar para adquirirlas puede ser el Bazar Basque, una tienda de souvenirs que lleva más de 60 años en la ciudad y que tiene un buen surtido de alpargatas.Souvenirs

Alojamientos

¿Cómo quieres dormir?, ¿dónde puedes dormir? Dos cuestiones importantes para seleccionar alojamiento en una ciudad pequeña pero que ofrece todo el abanico de opciones; desde la exclusividad del Hôtel du Palais hasta los campings de la zona de Ilbarritz.

Una magnífica opción en un punto intermedio son los apartamentos Le Grande Large, con habitaciones amplias, cocina americana y terraza, y una piscina exterior con vistas a Villa Belza.Vistas desde el hotel

Otro lugar interesante es el bloque de apartamentos Victoria Surf. Es un edificio que daña la estética de la ciudad (no podemos negarlo) y las viviendas y apartamentos tienen un tamaño muy ajustado pero…¡las exteriores están sobre la Grande Plage! Y desayunar, comer o cenar desde aquí activa la mirada. (Consejo, si se está en la ciudad la semana del 15 de agosto, alquilar un apartamento con vistas a la playa permite ver los fuegos tan cerca que incluso hay que apartarse porque algunas chispas entrarán en la terraza).

En la web de Biarritz Tourisme se encuentra información sobre diferentes tipos de alojamientos, incluyendo viviendas y apartamentos en el centro de la ciudad que no siempre están disponibles en otras webs de alquileres vacacionales. También en HomeAway se encuentran alojamientos vacacionales interesantes en los diferentes barrios de la localidad.

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Imagen: Hôtel Château du Claire de Lune

Alejado del centro, a las afueras de la ciudad y entre campos, está el Claire de Lune. Otra realidad. Un antiguo palacio de recreo con habitaciones en el edificio tradicional o en el nuevo edificio de líneas contemporáneas. Caminando por el jardín se puede llegar a un restaurante francés, de aires rústicos y frecuentado por locales. Y por la mañana el desayuno, en un pequeño salón con techos de cuatro metros desde los que cuelgan gruesas cortinas y una mesa central con quesos, embutidos y confituras aptas para gourmands.

Bares y restaurantes

Se repiten las cuestiones: ¿Qué quieres comer?, ¿dónde puedes comer? El abanico vuelve a abrirse hasta extremos sorprendentes para una pequeña ciudad. Desde restaurantes con estrella hasta tapas en la calle. Francia es más caro que España, algo que hay que aceptar al sentarse a la mesa pero, como saben bien las familias que viajan con niños, uno llega a desarrollar la habilidad de encontrar lugares interesantes, en los que la pareja pueda disfrutar y, al mismo tiempo, comer los pequeños sin problemas, y todo ello sin reventar las costuras de la cartera. Estas son algunas sugerencias:

En el Puerto de pescadores hay una casa de comidas con largas colas para comer (en temporadas altas): La Casa de Juan Pedro. Más popular imposible, pero es un lujazo cenar mejillones y sardinas, viendo el atardecer junto a las pequeñas embarcaciones y las casas de las cofradías de pescadores.

Y para popular La Trattoria, un italiano en el centro, en la Avenida Eduard VII, regentado por una familia siempre sonriente y amable. Las masas de pizza no paran de entrar en un gran horno tradicional, los postres caseros impresionan, como el dinamismo de los trabajadores y la alegría del padre o la hija en la caja, haciendo sonar la campana cada vez que se deja una propina.

Cerca de la pizzería está la Avenida Verdun, en la que se encuentran pequeños restaurantes franceses como Le Pim’Pi o, en el número 57 de esta calle, La grappe à fromages, con una carta sólo de quesos en sus más variadas denominaciones, formas y sabores. Y de postre, ¡queso!

Volviendo hacia la zona más transitada, es obligatoria la parada en el mercado; en Les Halles. Allí se pueden consumir productos y, mi recomendación, es entrar en la nave del pescado y disfrutar de las ostras con un vino de la tierra en la primera planta, viendo desde arriba el movimiento del mercado.Pescadero

Frente a Les Halles está el Bar Jean, de tapas, tan aclamado que encontrar mesa libre es todo un reto, aunque creo que también se busca el rollo de estar sentado en las escalinatas del mercado, viendo y dejándose ver, mientras se espera el turno de las mesas. En todo caso prefiero Le Comptoir du Foie Gras, justo enfrente, al otro lado del mercado.

Le Comptoir es, realmente, un mostrador con mesas y barricas en la calle, y con una carta tan reducida como cerveza, vino Rioja, vino Burdeos o refrescos. Y para comer jamón de Bayona, tabla de pinchos al estilo español y foie con guindillas. ¿Hace falta más? El trato puede ser tosco en algunas ocasiones, pero esa tabla de foie y el buen ambiente de la calle puede con todo.Le Comptoir du Foie Gras

Desde la esquina de esta tasca sale la Rue du Centre, con pequeños restaurantes y, justo enfrente del Mercado, se encuentra la Rue Gambetta, un lugar siempre ambientado y con locales para disfrutar de la gastronomía, las tapas y los vinos locales. Por cierto, en la parte de arriba de Gambetta, donde suele apiñarse gente a la puerta, se encuentra toda una hamburguesería, Le CAB, en la que encontrar hasta hamburguesas con foie o mi-cuit.

Un día en Biarritz

Algunos amigos me preguntan recomendaciones sobre Biarritz pero, como hacen muchas personas (a veces pienso que la mayoría) sólo prevén estar en la ciudad una horas, un día o, como mucho, un fin de semana. Por ello hay que organizar una ruta intensiva pero también disfrutona. Esta es mi propuesta en 10 puntos:

  1. Comenzar en la Grande Plage, delante del Casino y, con el mar enfrente, caminar hacia la izquierda bordeando la costa hasta llegar al puerto de pescadores.Sombrillas y faro
  2. Seguir hasta la roca de la Virgen y luego, siempre hacia la izquierda, llegar hasta la playa Port Vieux. Aquí se puede descansar en algún bar con vistas, como el Eden Rock Café, donde el rock se fusiona con magníficas panorámicas.All-focus
  3. Retomar el camino, siempre hacia la izquierda, y caminar hasta la playa Côte des Basques, territorio surfer y con magníficas panorámicas de la costa vasca. Se puede caminar al borde del mar por el Boulevard du Prince de Galles y pasando por delante de la Villa Velza, o bien por la calle Perspective de la Côte des Basques que, como dice su nombre, nos permite ir viendo la costa desde arriba, en perspectiva.Chiringuito
  4. Continuar por la ruta elegida hasta el parquecito Square Jean Baptiste Lassalle, donde comparten espacio los jugadores de petanca con los surferos y hipsters que abarrotan la terraza del Etxola Bibi.Rue Gambeta, motos
  5. Desde aquí, regresar por la Avenida Beau Rivage hasta alcanzar la Rue Gambetta, y bajarla disfrutando de los comercios hasta encontrar el mercado de abastos o les Halles de Biarritz.Zona del mercado
  6. Al otro lado de Gambetta, justo por la entrada principal del mercado, caminar hacia la calle Victor Hugo y descubrir papelerías, ópticas y otras tiendas con personalidad propia.victor hugo
  7. Al llegar a la Plaza de Georges Clémenceau girar hacia la izquierda para pasear por la calle Mazagran hasta entroncar con la Rue du Port Vieux.
  8. Bajar por Port Vieux (¡sí, al fondo se verá la playa por la que ya pasamos!) justo hasta la tienda Le Caméléon, en el número 3.Tienda africana
  9. A la derecha hay una subida por calles casi escondidas que nos llevan hacia la Atalaye, un barrio tan discreto y elegante que parece escondido dentro de la ciudad, pero con unas de las mejores vistas del puerto de pescadores y la Grande Plage.
  10. Bajar en dirección a la Plaza Sainte Eugénie y callejear hasta regresar al punto de partida, en el Casino Municipal.Puerto de pescadores

Lugares y momentos.

Además de los lugares imprescindibles, esta pequeña ciudad esconde espacios y momentos que, de forma inesperada, pueden sorprendernos. Y así, en un día lluvioso de verano, uno descubre la piscina del mismo edificio donde está el Casino Municipal; una piscina pública, interior y climatizada, con grandes cristaleras que dan a la Grande Plage y, para subir aún más el nivel, un jacuzzi frente al paseo de la playa para disfrutar del paisaje de bruma.Día lluvioso versión final

Otro día, sin saber cómo, uno se encuentra tumbado en el césped que rodea la Cité del Ocean, entre Biarritz y Bidart, viendo los espectáculos y conciertos de “Biarritz en été” y rodeado de grupos de amigos, parejas y familias que extienden sus manteles y cenas, y hasta sus copas de vino. Desde allí, se pone el sol dejando a la izquierda la arquitectura orgánica del Museo, a la derecha el mar y al frente el delirante castillo de Ibarritz.

O sin haberlo previsto, descubres que un 15 de agosto parte de la Gran Plage no puede ocuparse porque se está preparando para los fuegos artificiales, y horas más tarde, desde la arena o desde cualquier mirador que la rodea, te encuentras con un sorprendente espectáculo de pirotécnica. Tan cerca que las luces caerán sobre ti.Fuegos

Al día siguiente, al amanecer, la Gran Plage comenzará a ocuparse con los alumnos de las escuelas de Surf, los paseantes solitarios, las parejas y algunos pequeños grupos de amigos que se tumban vestidos, sobre la arena, como si no hubiese otra cosa que hacer más que mirar al mar y sentir.

Biarritz, un estado de ánimo.

Amigos en gran plage


Anexo.

No a todo el mundo le gusta Biarritz.

Una mañana de agosto nos encontramos en una tienda a una compañera de trabajo de mi mujer, su marido y su hija adolescente. Habían ido a pasar un fin de semana en la ciudad para conocerla: tenían muchas expectativas porque les habían hablado muy bien de ella. Y así se lo confirmamos.

A los dos días volvimos a encontrarnos, esta vez en la Grand Plage, y estaban agobiados. Pensaban regresar a San Juan de Luz porque allí se encontraban más cómodos. Demasiada exigencia en Biarritz –decían-, “todo el mundo va arreglado, muy sofisticado”. “¿También en la Côte Basque, en la zona surfer?” –les pregunté-. “¡También! Esto no es lo nuestro, nos vamos a San Juan que allí la gente es más normal”.

Playa San Juan
Imagen: http://www.saint-jean-de-luz.com

Como el concepto de normalidad trae de cabeza a los ideólogos de las Ciencias Sociales, dejémosles a ellos la aclaración y nosotros vayamos a lo nuestro: si uno no encuentra su lugar en Biarritz, pas de problème! Estamos en el País Vasco francés, en el suroeste de Francia, con espacios excelentes para muchos públicos.

San Juan de Luz, con su calle comercial Gambetta y la iglesia de San Juan Bautista; la Plaza Luis XIV, llena de pintores con cafés de terrazas de aires parisinos; la calmada Grande Plage con casetas rayadas; o la Plaza de Abastos, el Puerto o la tasca La grillerie de sardines para los amigos de las sardinas a la plancha.

Guéthary, con mercado de antigüedades, Museo sencillo de arte contemporáneo y de humanas dimensiones, la vida animada de los bares que van apareciendo en el descenso hacia el puerto ballenero y los chiringuitos surferos de la playa de Parlementia.

Bidart, con playas en entornos naturales, de difícil acceso pero con buenas recompensas para amigos de las olas, y sin duda un excelente espacio en la plaza del pueblo para disfrutar de un cerveza o un vino entre el bullicio de la gente, las familias y la música de las orquestas de jazz.

Mercadillo
Imagen: tourisme.arcangues.fr

¿Y qué decir de Arcangues? De una dimensión tan reducida y humana que no parece real en pleno siglo XXI. Como tampoco lo parece la sala para actividades comunales del Teatro de la Naturaleza. En unos metros se concentra la vida en sociedad; el Ayuntamiento, con una de sus paredes laterales haciendo de frontón para la pelota vasca; la iglesia con un cementerio lleno de flores –tumba del cantante Luis Mariano incluida- y con vistas a un campo de golf; el mercado de agricultores los miércoles durante le verano y los rastrillos para aligerar los cajones de casa; la escuela y zona de juegos infantiles; y a escasos metros el castillo de estilo inglés en el que en los años 20, el marqués Pierre d’Argangues, presidente del entonces Comité de turismo y fiestas de Biarritz, organizaba fiestas con invitados como Maurice Ravel.

Y por si fuera poco para esta pequeña localidad, a unos kilómetros del centro, escondido entre caminos rurales, aparece de repente L’Atelier de Gaztelur, tienda y restaurante sofisticado, apto para gustos exquisitos.

 


 

(1) Frase adaptada de Muñoz Molina, A. (2004). Ventanas de Manhattan. Seix Barral: Barcelona (p. 338-339).

2 Comments

  1. Excelente. Prepárate, en breve los de Lonely Planet te ofrecerán un puesto importante en su compañía. Espero la crónica de Nueva York, además de la que ya escribiste sobre tu sorpresivo y deslumbrador encuentro.

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