Hay libros que deberían estar prohibidos

Un grupo de madres del AMPA de un colegio barcelonés ha logrado su momento vital de popularidad. Tras una altruista revisión del catálogo de la biblioteca escolar, estas defensoras del bienestar emocional de sus hijos han decidido “retirar 200 títulos que consideran “tóxicos” porque reproducen patrones sexistas, lo que supone el 30% del fondo. En el 60% de los cuentos el problema es menos grave”.

Entre los títulos nominados para salir del fondo editorial se encuentran La leyenda de Sant Jordi,  La bella durmiente o Caperucita Roja, junto con determinados libros para aprender las letras o los colores que incluyen, ¡ay!, diseños que refuerzan roles de género y lo que supuestamente implica qué es ser niño o niña.

Como amigo que soy de la lectura, noticias como esta no pueden hacerme más feliz; estas maravillosas censuras son todo un regalo para el mundo del libro. Y es que no hay mejor fomento de la lectura que la creación de un listado de títulos prohibidos.

Alicia Marín. El Correo de Burgos
Instalación de Alicia Marín. Fuente: El Correo de Burgos

Cuando era adolescente, después de saber de su prohibición, busqué y encontré en la biblioteca La metaformosis, 1984 y Lolita. Y cuando mi madre me regaló una Navidad las obras de Cela me lancé a comprobar que no faltaba en el lote La Colmena -que había estado censurada-, y disfruté como un enano su lectura, no sé si más por el contenido o por el rechazo que causaba aquel gallego que presumía de absorber litro y medio de agua por vía anal.

E intenté leer, sin éxito, el Ulises y los Versos Satánicos, y me hice en una liquidación con Justine, del Marqués de Sade, una obra que me pareció tan excesiva que nunca la hubiese adquirido de haberla encontrado de fácil acceso en cualquier gasolinera, junto con los packs de revistas porno. Pero como había estado tan prohibida…

En fin, queridos defensores y defensoras de las identidades hipermodernas, gracias. Gracias sinceras por crear un listado de libros que pueden enfermar la mente. Si yo fuese librero catalán, llenaría mi puesto por San Jordi de diferentes versiones de La bella durmiente. Y luego, como buen defensor de las libertades, dejaría que cada lector hiciese las interpretaciones de la obra que le viniesen en gana. Si quiere cambiar la historia y que sea el príncipe Felipe el dormido y la bella Aurora quien deba despertarlo con un beso de amor verdadero, que así sea. Como si quieren que la princesa Aurora sea despertada por un beso de Flora, de Fauna o de Primavera.

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